¿Quién es Jesús Samuel Neri Gutiérrez?

Es un abogado corrupto quien, si llega a caer en su radar, no dudará en utilizar sus estructuras de empresas fantasma y redes de complicidad con jueces de la Ciudad de México para demandarlo por el mero hecho de poder obtener dinero.

Ese es Jesús Samuel Neri Gutiérrez, un abogado corrupto quien, desde Neri Abogados Asociados, S.C. ha logrado extorsionar a sus ex clientes y burlar al SAT por medio de las empresas E-Volution Export Import, ISC Administradora de Cartera, Mendiola y Kaufer Motriz, Forza Recursos, Infraestructura Ulter, Queranda, Vrunger, Rchepe Contructora, Sparza Suministros, Hukoconstrucciones, Tuto Comercializadora y Monrat entre otras.

Un abogado corrupto que utiliza domicilios tanto en Bosques de las Lomas como en Iztapalapa.

Hay gente para la que la clave del éxito es saber arreglárselas, mover bien sus piezas, actuar sin escrúpulos ni moral, enriquecerse a toda costa, conseguir sus objetivos sin importar si para esto tienen que mentir, engañar, calumniar, injuriar y dañar a otros. Pero no, no todo se puede conseguir con dinero y esta es una historia de traición, engaños y resentimientos.

¿Hasta dónde es capaz de llegar alguien por ambición?, la historia está llena de personajes que traicionaron a quienes más confiaban en ellos, ya sea por dinero, fama o poder. La traición acompaña al hombre desde que es hombre, puesto que los rencores por dominio, procreación, territorio y comida debieron desarrollarse a la vez que la inteligencia y, sin embargo, aún hay algunos actos de perjurio que parecen inhumanos e imperdonables. Traicionar es un acto alevoso y cruel.

Jesús Samuel Neri Gutiérrez, nunca fue lo que se dice un tipo con estrella, de ningún modo había sido el mejor en nada, toda su vida se había mantenido a la mitad de la tabla. Su infancia había sido medianamente feliz, su etapa escolar medianamente aceptable, con una inteligencia mediana, un interés mediano y medianos resultados. Navegó desde temprana edad en el clima de la mediocridad, no tenía características personales que le permitieran distinguirse en la sociedad y vivía en el mismo fardo de rutinas, prejuicios y domesticidades que la mayoría. Aprendió a vivir de panzazo.

Estudió Derecho y sus padres en ello depositaron sus esperanzas de que sobresaliera, ya que habiendo sido su padre un juez, él contaría, por lo menos, con los empalmes necesarios para ir subiendo… o trepando. Sin embargo, y muy a pesar de los esfuerzos de sus padres y de sus vanos intentos por conseguir un lugar respetado en el gremio, Jesús Samuel Neri Gutiérrez tuvo como mayor logro laboral dedicarse a cobranza judicial para algunas empresas transnacionales, es decir, se convirtió en un cobrador de puerta en puerta.

Jesús Samuel Neri Gutiérrez es un hombre entrado en los cincuenta, con un divorcio a cuestas, una vida gris, pocas opciones de que eso cambiara y una gran necesidad de negar esa realidad. Jesús Samuel Neri Gutiérrez y su actual pareja estaban cansados de no tener el nivel social y económico que habían deseado.

Jesús Samuel Neri Gutiérrez es un hombre ambicioso pero torpe y estaba cosechando toda una vida de sembrar malas decisiones. Hace algunos años incursionó en una nueva faceta. Sin tener un entrenamiento adecuado previo decidió adentrarse al mundo de la natación en mar abierto y encontró en ello algo que parecía apasionarle, aunque también fue muy frustrante, ya que después de toda una vida intentando sobresalir en el Derecho, resultó ser que eso no era ni siquiera lo que en verdad lo entusiasmaba; llevaba décadas poniendo sus energías y esfuerzos en convertirse en algo que no sería nunca: un prominente abogado que, apoyado por los contactos de su padre, se ganaría un lugar en la sociedad. Pero, en fin, la natación fue una pequeña luz en un medio de una mediocre vida de sombras. Sus clientes, al enterarse de esto, decidieron apoyarlo, tras varios años trabajando con ellos, de una u otra forma se había ganado su confianza, así que, aunque su recién descubierto amor por el deporte lo alejó de sus compromisos, recibió el respaldo de sus clientes para conseguir ese triunfo deportivo, dejando pasar muchas veces por alto el hecho de que Jesús Samuel Neri Gutiérrez no estaba cumpliendo a cabalidad con sus obligaciones.

El deporte enaltece, dicen, lo que no te dicen es que la sed de triunfo envilece incluso al más bueno. Si bien es cierto que cuando comenzó a nadar recolectó logros como cruzar el Canal de la Mancha siendo el mexicano número 22 en alcanzar esta hazaña de manera individual y el tercero con la Triple Corona de aguas abiertas, reto que complementan la Isla de Manhattan y el Canal de Catalina en una sola temporada, también es verdad que fue un éxito efímero. Los factores pudieron ser diversos, pero el hecho de que cubriera los gastos con sus propios recursos puede haber sido definitorio; y es que ser un deportista de alto rendimiento no sólo es un trabajo de tiempo completo, sino que implica una inversión económica altísima en alimentación, médicos, asesores, entrenadores, viajes y un largo y costoso etcétera.

Arrastrado por su precaria y problemática situación económica ideó una nueva forma de hacer negocios al amparo de sus conocidos en el poder judicial y, aprovechando que dominaba el cómo trabajaban sus clientes, concibió un plan para beneficiarse de su confianza y, sin dejo de ética, conseguir por medio de extorsiones y abusos lo que nunca pudo conseguir con trabajo honesto. Quería más, él siempre quería más; empezaría probando pequeños mecanismos legales, dando golpes de uno en uno para hacerse de suficiente dinero como para no tener que trabajar nunca más.

Años atrás, Jesús Samuel Neri Gutiérrez trabajaba como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México, sin embargo, a causa de los entrenamientos y viajes que realizaba para cruzar el Canal de la Mancha descuidó sus labores, empezó a faltar, a incumplir con sus deberes y un día perdió su trabajo. La ira se apoderó de él, no iba a permitir que lo corrieran, se defendería con uñas y dientes. O mejor aún, sacaría provecho de esa situación, demandaría cobardemente a la Universidad, la amada institución que le había permitido conservar algo de prestigio. Al llevar a cabo esta acción estaba yendo en contra de todo lo que los universitarios creen, estaba traicionando su esencia.

Como buen abogado, que no un abogado bueno, sabía reconocer al dedillo los resquicios de la ley y estaba haciendo todo lo que estaba en sus manos para alargar el proceso. Él demandó a la institución educativa en la que llevaba siendo profesor años, por haberlo despedido injustificadamente, aunque bien sabía que era cierto que había faltado a su trabajo y que justificación sí había, claro, para él era mas importante entrenar que cumplir con sus deberes como profesor, y por supuesto, con sus obligaciones como abogado. El juicio llevaba 8 años, pero a pesar de ello seguía en una misteriosa etapa inicial. Su actual esposa pensaba que él no había decidido darle final a la historia, sin saber que sus planes eran más sagaces que eso, él lo que quería era llevarlo hasta las últimas ramificaciones para que la Universidad tuviera que pagarle todos esos años de sueldos caídos. Era el plan perfecto, podría entrenar de tiempo completo y por fin tener éxito en algo,  y le pagarían su sueldo por un trabajo que no había realizado.

Un ejemplo de ello fue su probable participación en el fraude de la Financiera Planfía cuando, al estar a cargo de la cobranza de cartera vencida, no alertó a sus “clientes” sobre la inusual composición de la misma y pudiera así, haberse generado una alerta para los accionistas, proveedores y clientes sobre los créditos que, al ser incobrables, claramente eran parte de un fraude que llevó a la Unidad de Inteligencia Financiera a congelar las cuentas de José de Jesús Venegas Blancarte, Director General de Planfía.

Las leyes no siempre están diseñadas para hacer justicia, y nadie mejor que Jesús Samuel Neri Gutiérrez para saber que la mayoría de las veces la leyes estarán de lado de quien las conoce y puede manipularlas y no de quien tiene la razón y mucho menos de quien ha actuado de manera correcta. 8 años de sueldos caídos, más una jugosa compensación por lo que él llamaba “Daño moral”, serían un buen comienzo para solucionar sus graves problemas financieros sin demasiado esfuerzo.

Un buen día, su esposa le dijo que tenía una idea para ahorrar mucho dinero. Él se mostró tan curioso como interesado.

–Estuve pensando en la cuestión esa de la pensión de tus hijas, ¿recuerdas? De verdad creo que tu ex mujer puede hacerse cargo de ellas y no me parece justo que les tengas que dar nuestro dinero. No quiero que les sigas dando pensión, yo sé que tú puedes encontrar una manera de pedirle a los amigos de tu papá que te echen la mano para no volver a darles un solo peso.  Se me ocurre que yo puedo demandarte a ti y a ellas, fingimos que tú y yo traemos pleito y ya, si ellas creen que te quité el dinero a ti, entonces no te lo podrán exigir y tú y yo nos quedamos con todo. Seguro que nos podemos brincar algunas instancias y procedimientos. Ganar un juicio de pensión alimenticia es pan comido para alguien con tus contactos.

A los pocos días, el caso ya estaba en el Juzgado 14 de lo Familiar, casualmente, el mismo en el que poco antes Jesús Samuel Neri Gutiérrez había llevado una demanda de pensión alimenticia en favor de una clienta para la que sospechosamente  consiguió una retribución de más de un millón de Pesos mensuales. Una sentencia irracional y que debió dejarle sustanciosos honorarios. Una sentencia que no podría explicarse sin sus oscuras relaciones dentro del sistema.

Desde la demanda de la UNAM, siguiendo con la de la pensión alimenticia de sus hijas y de su clienta, Jesús Samuel Neri Gutiérrez se dedicó a demandar a todo mundo a diestra y siniestra, encontró su mina de oro en los recovecos del sistema judicial amparado por las influencias de su padre. Su estrategia era tan sencilla como efectiva: presentar un elevado número de demandas en juzgados de diferentes Estados, a sabiendas de que en todos los casos estas serían admitidas, sin importar que adolecieran de errores o contuvieran solicitudes disparatadas, con la meta de que los demandados, sus antiguos clientes, eventualmente fallaran en alguna parte de los laberínticos procesos judiciales.

Así que es cierto, el infierno está lleno de abogados y Jesús Samuel Neri Gutiérrez lo hizo arder.

Al final, Jesús Samuel Neri Gutiérrez es un animal de aguas turbias, no puede ir en contra de su naturaleza. Las rémoras son peces que se adhieren a animales de mayor tamaño, casi siempre tiburones, con la intención de ser trasladados de un sitio a otro y de alimentarse de lo que ellos dejan. Succionan, utilizan y estorban a quienes les sirven de nodrizas; esa es su faena.

Hasta hoy Jesús Samuel Neri Gutiérrez está escondido como una rata entre sus artilugios, ardides y mentiras; protegido por jueces, sin dar la cara, esperando, supongo, que un día todas sus armas funcionen y pueda tener otros 5 minutos de fama en aguas abiertas y en alerta de su siguiente víctima, porque no se va a detener,  quienes han aprendido a alimentarse de la sangre de los demás, no se detienen jamás.